Hey ONG, olvida qué eres, no te sirve para el futuro!

(English version)

Es de lo más normal pensar que el entorno cambia muy deprisa que demasiado a menudo nos olvidamos de las implicaciones profundas que ello implica. Déjeme contarle una historieta acerca de como éramos y como somos ahorita…

¿Cómo era antes?

Hasta hace unos pocos años las líneas sobre qué era ayuda al desarrollo en el mundo eran muy claras.

Las ONGs eran la gente buena; trabajaban in sitios difíciles; lo hacían con los pobres; ayudaban a los gobiernos en crisis; tenían trabajadores comprometidos que se sacrificaban para llevar a cabo su tarea. Todos, donantes, gobiernos –tanto los del Norte como los del Sur-, la gente de la calle en nuestros países de origen y en aquellos dónde servíamos apreciaban y celebraban las ONGs. Y aunque sea solo para que conste, mi mamá aún lo hace, tal vez no es plenamente consciente de lo que hago pero aún le dice a sus amigas, mi hijo es un buen hombre, ¡ayuda a quién lo necesita!

Así mismo las ONGs eras los únicos que hacían ese trabajo, bueno, tal vez junto con los misioneros. Otros actores, gobiernos, el sector privado y los multilaterales tenían su propio espacio y la intersección era muy limitada. Teníamos el mandato y la legitimidad, se esperaba de nosotros que combatiéramos la pobreza. De alguna manera teníamos el monopolio de la ayuda. La ONU estaba allí, pero siempre ha sido algo distinto a nosotros.

El paradigma del Desarrollo era liderado por occidente, fundamentalmente Europa. Casi como si los países desarrollados tuvieran la responsabilidad de sacar a las naciones pobres de sus miserias. Los objetivos y enfoques estaban claros, una vez que los países pobres tuvieran sanidad y educación, infraestructura y mercados, podrían aspirar a ser como los países desarrollados. El paradigma se reflejaba en Suecia o Finlandia, si ellos lo habían conseguido, ¿por qué el resto no lo iba a hacer? De hecho el paradigma era “vivimos mejor que nuestros padres y esperamos que nuestros hijos vivan mejor que nosotros”.

¿Qué ha cambiado?

Las ONGs ya no son los chicos buenos que nunca se equivocaban o metían la pata. Su espacio está siendo retado cada vez más. Los donantes que cada vez piden más evidencia concreta de los resultados conseguidos, y más con las crisis económica, pidiendo “valor por el dinero” que entregan, presionando para que hagamos cuentas de lo que incluso no se puede contar. Por los gobiernos del Sur –y a veces del Norte- donde las ONGs comienzan a hacer preguntas descaradas sobre derechos de los ciudadanos, transparencia de los gobiernos y control ciudadano de lo que éstos hacen. El espacio de la sociedad civil está siendo reducido en todas partes, Asia (Vietnam, Camboya o Myanmar), África (Uganda, Etiopía o Sudán), América Latina (Honduras o Nicaragua) e incluso en España o Francia. Por la gente de la calle que cada vez piensa más que se hace con mi plata, he estado contribuyendo por años y ¡todavía se necesita más! Aún así como dije, mi mamá y sus amigas aún nos consideran los chicos buenos.

Al mismo tiempo y de pronto ya no somos los únicos actores en el terreno de al ayuda al desarrollo. El monopolio se acabó. El sector privado ha tomado posiciones. Es cierto que están fundamentalmente en el espacio de la provisión de servicios y no el del cambio transformacional pero su presencia es suficiente como para cambiar la perspectiva. Muchas veces son más competentes y eficientes en la provisión de servicios. Como resultado, el espacio de las ONGs todavía se reduce más en términos de que pueden hacer. Aunque no es sólo un tema qué hacemos, sino sobre todo de cuál es nuestro valor añadido. Qué podemos hacer que otros no puedan o al menos no mejor que nosotros, si es que hay algo.

La crisis financiera en Europa y Norteamérica ha puesto en cuestión la idea clásica del desarrollo. Los nacidos en los 70s ya no tienen tantas posibilidades de vivir mejor que aquellos nacidos en los 50s y 60s. La desigualdad está creciendo de manera galopante en Occidente y en ningún lugar es tan prominente como en EEUU o Reino Unido, aunque España está haciendo notables esfuerzos para ponerse a la cabeza de tan siniestra lista. Los BRICS se mueven en ese vacío con sus propios modelos de cambio, los cuáles son mirados de cerca por los países pobres. ¡Ya no más somos los dueños de “el paradigma”! En el camino hacia el desarrollo las cosas son inciertas y  volátiles, llenas de innovación y de quienes sacan tajada del caos, pero ya no es un camino recto y llano.

¿Qué quiere decir?

El mundo en el que empezamos a trabajar ha cambiado mucho. El mundo de hoy tiene muy poco que ver con aquel. Necesitamos cambiar con él. De hecho ya vamos tarde. Ya no estamos en situación de adaptar los viejos modelos, ahorita debemos buscar nuevas opciones. Cuando en el siglo XVIII el ferrocarril fue ganando peso, no tenía ningún sentido para los que manejaban las diligencias el añadir un par de caballos más a sus carros, el cambio era mucho más sustantivo que ese.

  • La provisión de servicios es posible que ya sólo tenga sentido en extremas crisis humanitarias
  • Mediar entre otros actores y conseguir multiplicar nuestro impacto más allá del aún pequeño espacio que ocupamos en esas tareas o el foco en governance, pueden ser los mantras del futuro
  • Esto implica un cambio en la forma de pensar, en las personas que somos, en las copartes con las que trabajamos y de hecho en la manera en que definimos nuestro trabajo.

¿Estamos preparados? Esperemos que sí, pero trabajemos por ello.

Fran Equiza & Makarand Sahasrabuddhe

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Una respuesta a Hey ONG, olvida qué eres, no te sirve para el futuro!

  1. Javier Pardillos dijo:

    acertada reflexión.

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