Esta es la castiza sentencia que me regaló ayer un taxista en Barcelona. Lo hizo como colofón a una conversación sobre política, economía, religión, pobreza….digamos que una típica conversación de taxi, aunque sin fútbol, debo admitir.
Hoy revisando el borrador del nuevo Plan Estratégico de Oxfam me encuentro con esta joya, “Oxfam cree que hay un posibilidad muy realista de que esta década vea un cambio de tendencia en el que las élites del poder sean exitosamente retadas por una ciudadanía global, activa y que rinde cuentas.
Mi primera reflexión ha sido para mi colega, ahora lo puedo llamar así, el taxista. Es lo que el decía, esto va a cambiar, y va a cambiar porque no puede ser tal y como es.
No puede, en un mundo desbordante obscenamente de riqueza, no solo aumentar la desigualdad, sino la pobreza en si. No puede, en un mundo hiperconectado donde todo lo podemos saber casi instantáneamente, haber tal sinnúmero de secretos inaccesibles, sean paraísos fiscales, falta de transparencia de gobiernos y otros entes estatales -quizás incluso algún alto tribunal- o el uso de fondos en grandes corporaciones. No puede no pasar nada, cuando alguien hunde bancos, gobiernos o países.
Entonces, si mi taxista tenía razón y Oxfam está en lo cierto parece que la capacidad reside en nosotros. Sea fruto de la indignación, o sea fruto de la esperanza o incluso de la ingenuidad esa Ciudadanía global activa y que rinde cuentas puede tener algunas de las respuestas. Y en esas respuestas a su vez hallamos el reto, en los tres adjetivos.
Que rinde cuentas, tan fácil de decir pero tan fácil de olvidar. Es una de las tareas, explicar, someter a juicio, desenterrar, las acciones, los triunfos y fracasos, los aciertos y errores. Nos han vendido, y hemos comprado, que solo triunfa lo que siempre está bien, ¡valiente tontería! Mas no es cierto, todos estamos triunfando de algún modo cada día con lo que hacemos, sea lo que sea; cuidar a nuestros hijos o nuestros mayores, ir cada día a trabajar duro o a buscar un trabajo, ser un poco mejores cada día, lo hacemos, triunfamos…y no siempre todo sale bien, cometemos errores, pero seguimos adelante. Ese es el espíritu colectivo, no importa errar, sino persistir en el error y para ello ser transparente es la mejor vacuna.
Activa, ¡que pereza! ¿Con todo lo que tengo que hacer tengo que meterme a eso? Bueno, es tu opción, los antiguos griegos, muy sabios ellos –aunque por cierto bastante misóginos-, llamaba “idiota” al que no participaba de las cosas de la ciudad, de las cosas que les eran comunes, de los asuntos públicos que atañían a todos los ciudadanos. Siempre puedes acabar siendo feliz sin meterte en estas cosas, ahora bien serás un idiota feliz.
Global, ¡que difícil es esta! Qué difícil sentir que el que sufre a 8.000 kms de mi es mi hermano. Qué difícil sentir solidaridad, estar soldado, unido con, por aquel que ni conocemos. Si ya nos cuesta con el que conocemos, ¿que será del otro? Por eso en momentos difíciles le damos duro al inmigrante, al distinto, en definitiva al más débil. Contraponemos cínicamente nuestros pobres con los de otros. Pero no existe tal cosa, una de las causas de esta situación es precisamente esa falsa diferencia. La solución para que sea tal, ha de ser global, no puedo salvarme yo sin salvar al otro.
Y vuelvo a mi colega el taxista: “Esto no puedo seguir así y va a cambiar…” ¿Vas a ser de los que hacen que cambien o te quedarás en ser un idiota feliz?
Fran Equiza

This optimism, imo, is the only way to deal with crises. We *have* to believe that things will be better. It is human nature to do so. In our profession it is the one characteristic that is of great importance.
On the solidarity, John Donne said it wonderfully nearly 400 years ago. It is best that we remember it
No man is an island,
Entire of itself.
…….
Each man’s death diminishes me,
For I am involved in mankind.
Therefore, send not to know
For whom the bell tolls,
It tolls for thee.