Mali esta ahorita en las noticias por dos importantes motivos, el más popular es por el reciente golpe de estado y el aún más reciente reestablecimiento de la normalidad democrática, Mali esperaba elecciones para Abril, aunque según la propia Presidenta de la Comisión Electoral con la contienda en el norte debido al levantamiento Tuareg había dudas. Dicho golpe estaba asociado con el segundo motivo, el conflicto en el norte y la victoria de los Tuareg en el control del territorio.
Hay otra noticia que también recogieron algunos medios justo hace cinco semanas, cuando yo me encontraba allí, la situación de crisis alimentaria que vive el Sahel y el enorme riesgo de que si no se toman las medidas adecuadas podamos acabar con una terrible tragedia.
Pero hoy quiero compartirles una historia de negocios, de inversión, innovación y emprendimiento. Y para ello les hablaré de Madame Fatouma Djara, que es la directora general de la compañía a la que haré referencia.
En un momento dado de hace dos años la situación financiera de su negocio no era boyante, era mas bien desesperada, necesitaba una inyección de capital para salir del pozo. Así pues tras arduos esfuerzos consiguió que una entidad extranjera sabedora de sus dotes directivas y de negocios aceptara participar en el capital de su negocio, y el acuerdo fue que dicho capital se desembolsaría en tres plazos, uno en mayo 2009, otro en octubre y otro en enero 2010.
Con el primer desembolso Madame Djara decidió entrar en el negocio de alimentación preparada, pensó que en Mali y concretamente en Fakola, al sur, muchas familias deben trabajar largas jornadas y por lo tanto había un claro nicho de mercado para su producto de comida preparada. El ahorro en tiempo de cocina y la comodidad que implicaba si era capaz de ajustar el precio, merecería la pena. Lo puso en marcha y el negocio comenzó a funcionar muy bien, conseguía vender toda su producción, la inversión inicial estaba dando sus frutos, de hecho, tenia mas demanda de la que podía satisfacer.
En esto llegó el momento del segundo desembolso, alentada por el éxito inicial, decidió seguir invirtiendo en el negocio de comida prepara pero expandirlo geográficamente, vio una clara oportunidad de negocio en satisfacer la demanda de mercados de otras localidades cercanas a la suya, el transporte era un problema, pero pudo superarlo. Y no solo hizo eso, sino que también invirtió en diversificar sus proveedores y con ello reducir sus costes y ser más rentable. El negocio iba incluso mejor que antes pero Madame Djara ya estaba pensando en algo distinto.
Así pues cuando llego la tercera y última parte del acuerdo de colaboración con los inversores extranjeros decidió que sería bueno diversificar el negocio, temía que el actual no podría crecer mucho más por los costes de abrir nuevos mercados y las distancias asociadas. Además había algunos temas fitosanitarios vinculados con la distribución de comida preparada que en Mali no estaban muy claros. Por ello decidió que debía diversificar y entró en el sector de la moda, analizó y concluyó que parte de su actual base de clientes podrían también serlo de su nueva iniciativa, aún siendo consciente de las diferencias entre ambos sectores. Pero para minimizar los riesgos decidió mantener su actividad en ambos sectores durante un tiempo, lo que le permitía comparar rentabilidades. Finalmente los números le dieron la razón, los márgenes en el mercado de la moda eran mejores, había consolidado un mercado y por lo tanto decidió desinvertir en el negocio alimentario y centrarse en el de la moda. Y así fue que me lo contó y yo la aprendí en mi reciente viaje.
Esta, sin ninguna duda, es una clara historia de éxito empresarial que podría llenar las paginas salmón de cualquier diario. La única razón por lo que no lo hace es porque los inversores extranjeros que confiaron en Madame Djara son Oxfam, porque dicha inversión fue de tan solo 90 dólares USA, en tres pagos de 40, 30 y 20. Porque su negocio de comida preparada era la venta ambulante de patatas fritas, primero en su pueblito y luego en los pueblos cercanos y porque su negocio de moda es la venta de ropa de segunda mano en los mismos pueblitos. E historias como éstas no tienen ese glamour salmón.
Pero nadie podrá negar dos cosas. La primera que la historia es tan buena como la de muchas multinacionales en conseguir éxitos empresariales y mostrar como el talento, la innovación y la emprendedoriedad pueden funcionar en cualquier lugar, no importa la escala, ni el comienzo, ni las dificultades. Y aún más, pueden ayudar a personas como Madame Djara a salir de la pobreza.
Y la segunda mucho más importante, que ser pobre no es sinónimo de ser necio, o de no ser emprendedor, o de ser perezoso, o de no ser innovador, ser pobre es sinónimo de no tener oportunidades, ni acceso, ni muchas veces la confianza de los otros. Porque como Madame Djara me enseñó cuando las oportunidades se dan, el acceso se granjea, y la confianza se muestra, todo el potencial explota y se obran maravillas. Ningún inversor internacional, como son los socios de Oxfam, pudo usar mejor 90 dólares de inversión que en esta maravillosa y preciosa historia de éxito de una mujer como Madame Djara que ahora puede mantener a su familia y puede seguir soñando con una vida mejor.
Fran Equiza
(Una versión reducida de esta entrada se publicó en el Blog 3500Millones de El Pais el 19/04/12 como parte de mi colaboración con dicho Blog)

